Estantería cerrada - estantería abierta

Cuando se busca algo, a veces se encuentra lo no buscado. He aquí un texto que escribí hace varios años atrás sobre la estantería cerrada y la estantería abierta, un tema que no creo acabado para nada.
 
Hace unos días tuve una charla con una futura bibliotecóloga. Ella había trabajado algun tiempo en una biblioteca universitaria con estantería cerrada y defendía ese tipo de biblioteca, argumentando con la protección del material y la falta de "cultura" de los usuarios argentinos que imponía un régimen más estricto. Como la biblioteca en la que ella trabaja, siguen existiendo muchas que esconden sus colecciones a los usuarios a los que deben servir. En mi ciudad siguen siendo la mayoría y a pesar de que hay una Escuela de Bibliotecología universitaria y muchos bibliotecarios profesionales que trabajan en estas bibliotecas, se sigue defendiendo este modelo de biblioteca que atenta contra todo lo que es y lo que debe ser la biblioteca.


Sin embargo esta forma de etiquetar los contenidos de los libros siempre es insuficiente. Cómo puedo en un sistema bibliotecario encontrar una novela donde Proust describe una biblioteca, o dónde localizaré una definición de "silla" que me guste. No queda otra que leer muchos libros o quizas hojearlos y volver a colocarlos en el estante si no revelan a primera vista algo interesante. Hojear, echar una mirada en inglés es "browse" y designa junto con "search" los dos enfoques diferentes de búsqueda. "Search" es una búsqueda directa. Se sabe lo que se busca y confronta esa noción inicial con el sistema de acceso, sea este el catálogo de fichas o el OPAC a fin de obtener uno o más "hits", aciertos, eso son registros que coincidan con la expresión de búsqueda, el patrón de búsqueda entregado al sistema.
El otro sistema es "browse" aqui la noción es de "navegar", de "hojear" un grupo limitado de posibilidades y elegir entre éstos el que más se asemeja a lo buscado. Cuando el resultado de esta elección es otro grupo con etiquetas (o descriptores) más específicos, permite una aproximación paulatina al objeto deseado. La ventaja es que no es necesario conocer de antemano la expresión exacta booleana de lo que se busca, sino que se puede ir refinando el patrón de búsqueda a medida que se acerca a la definición buscada. Como el sistema ofrece siempre un conjunto para elegir, no se puede buscar algo que no existe y a través de la experiencia de acercamiento a lo buscado se obtiene como producto secundario de la búsqueda la noción de qué otros elementos integran los diferentes grupos.

En una biblioteca de estantería abierta por ejemplo el primer acercamiento al objeto de la búsqueda es la selección del área de la biblioteca donde podría encontrarse lo deseado, literatura por ejemplo. Dentro de la sección de literatura se descubre que está organizado por lengua y los carteles indican la ubicación de la literatura francesa. Del grupo inicial de todos los libros de la biblioteca se ha pasado al subgrupo de libros de literatura y de alli al grupo de literatura francesa. Posiblemente se observó en el camino que la biblioteca tiene una sección importante de literatura inglesa y hasta es posible que en lugar de seguir buscando algo de Proust, comience a hojear novelas inglesas. La biblioteca abierta permite hasta el grado máximo de granularidad: leer en el libro mismo, hurgar entre encuadernaciones, portadas, tablas de contenidos e índices hasta el texto mismo: full text - lo máximo.

En este viaje por el mundo literario, por la red formada por el conocimiento "congelado" entre tapas de cartón, después de "aprender" los libros, es decir tomarlos con las manos puede que suceda otra experiencia para la cual el castellano ha adaptado del inglés el término "Serendipia". Serendipia significa buscar algo y hallar otra cosa que no se había buscado originalmente. Significa por casualidad descubrir una noción o un concepto inesperado. Este proceso conduce frecuentemente a la aplicación o la inserción de elementos no emparentados enriqueciendo y fecundando disciplinas enteras. Más de un premio Nobel se debe inicialmente a un descubrimiento en la biblioteca. Cómo se puede investigar, cómo incentivar la curiosidad, la amplitud del pensamiento y la interdisciplinariedad si se excluye al investigador del acceso a su materia prima.

Cómo no van a pelearse los usuarios por un libro determinado si su estudio, su investigación o quizas su trabajo dependen de ello. Pero con la estantería cerrada posiblemente alguno de ellos se irá a su casa con las manos vacías, mientras que el libro del lado del buscado permanece en la biblioteca. La "mejor conservación" de los libros en la estantería cerrada es simplemente un "menor uso" y el dinero ahorrado en encuadernación y compra de ejemplares nuevos contrasta con el dinero malgastado en libros que nadie lee porque nadie los encuentra en el catálogo hasta que su contenido se vuelve obsoleto.

Pero hay otros aspectos interesantes a tener en cuenta. Desde el mostrador de la biblioteca se establece una relación donde el bibliotecario tiene lo que el lector necesita y éste se lo debe "pedir" y cumplir con las condiciones que el bibliotecario le impone para usufructuarlo el tiempo que el bibliotecario decida. Desde la óptica del bibliotecario, éste "conoce" al usuario, es la construcción sobre la cual proyecta sus supuestos y prejucios que tiene sobre la persona o el grupo al que pertenece o que el bibliotecario le adscribe. Es en primer instancia un ladrón o vándalo en potencia por lo que es necesario identificarlo con exactitud para amedrentarlo (abschrecken). Es alguien que exigirá atención aunque el bibliotecario desea hacer otra cosa.

Hay bibliotecas donde la relación es otra, donde el bibliotecario se siente el sirviente del cliente que es rey y siempre tiene razón. Allí el bibliotecario es el pobre escriba que debe correr tras el licenciado, juez o doctor para que éste se digne de firmarle la papeleta que aumentará sus posibildades de recuperar el volumen para otro cliente. Pero estos no son casos comunes. Pocos bibliotecarios son concientes de su propia subjetividad y la relación de mendigo - prestamista o la de rey - servidor no contribuyen al establecimiento de roles horizontales reconociendo al otro en su esencia de ser igual, de persona que solicita pero que también da.

Es el mostrador de prestamos que establece la línea divisoria entre el que tiene todo (y no lo usa) y lo aparta del que no tiene suficiente (y lo necesita). Mientras que el servicio de prestamo en la biblioteca cerrada sea el servicio fundamental de la biblioteca y la cantidad de usuarios impidan una relación personalizada entre bibliotecarios y usuarios, la biblioteca no será una institución esencial de la sociedad.

Pero la expresión del poder del bibliotecario sobre el usuario, poco le sirve. Para qué estudiar tantos años en la universidad si lo único que hará en su vida profesional será acarrera libros de la estantería hasta el mostrador, por lo menos hasta que el catalogador se jubile. Tener bibliotecarios profesionales en el mostrador de prestamos es como emplear cirujanos para empujar camillas. El trabajo de mostrador no es ni siquiera un trabajo técnico, su nivel laboral está en el nivel de personal de maestranza.

La primer consecuencia de esta situación es el deterioro de la autopercepción del bibliotecario. El trabajo rutinario, de poco estímulo pero físicamente rudo atenta a diario contra la profesionalidad del bibliotecario. Dentro de la institución a la que pertenece la biblioteca afianza la imagen de un servidor con escasa responsabilidad y un trabajo fácil. Donde no hay bibliotecarios profesionales, los encargados de cumplir esta función terminan creyendo que estan haciendo el trabajo de un bibliotecario. Su opinión sobre la profesión suele mantenerse en niveles bajos y no son demasiado propensos a capacitarse debido a que consideran que ya cumplen con las exigencias de la profesión.

Pero lo que más sufre de esta situación después del usuario es la imagen de la biblioteca. La idea que la biblioteca es un "almacén de libros" está fuertemente arraigado en la sociedad. Practicamente no se concibe una biblioteca de otra manera. La biblioteca permanece atada al concepto de libro impreso en papel tan firmemente como que el unico servicio bibliotecario es el prestamo de libros. A las bibliotecas se les niegan los videos, los compacts y todo tipo de soportes no tradicionales. Se establecen laboratorios de computación con internet lejos de la biblioteca y supervisados por informáticos. La biblioteca es un lugar "serio" para estudiar, no un lugar de recreación o de diversión.

Si como bibliotecarios planteamos la necesidad de integrarnos a la sociedad de la información en la conciencia de que sí tenemos algo que ofrecerle, debemos tomar conciencia que nadie nos dará ese lugar servido en bandeja de plata. Será un espacio por el cual las bibliotecas y los bibliotecarios deberán luchar. No será posible si las bibliotecas no mejoran sus relaciones con la sociedad y sobre todo con las personas que requieren sus servicios. Los usuarios más que usadores deben convertirse en aliados de la biblioteca.
No se puede hablar de acceso a la información si los bibliotecarios se confabulan para evitar justamente este acceso con el pretexto que sea. Los servicios que deben construir las bibliotecas son servicios de información en primer lugar y el prestamo de libros no debe ser el servicio único. Mientras que los bibliotecarios excluyan a los lectores de sus estanterías no pueden considerar que brindan "acceso" a ellos. El catálogo aún si cobra importancia en la era internet por sus múltiples posibilidades de integrar redes de conocimiento no puede ser el medio único a través del cual el lector accede al libro.

1 comentarios:

neolibris dijo...

Estantería abierta + Open Access + Software Libre = Democratización del Conocimiento