La opción de las Bibliotecas por la información, ¿un error histórico?

Cuando aprendemos nuestro oficio de bibliotecarios, la teoría que se nos enseña tiene como eje organizador el concepto de información. Si bien se mantienen teorías relacionadas con el concepto de documento, este mismo concepto se suele construir en referencia al concepto de información. Pues bien, ¿qué es la información? El Profesor Zins se ha tomado el trabajo de documentar lo que los especialistas de los campos de bibliotecología y ciencias de la información consideran como información (además de documentar los conceptos de datos y conocimiento). Si observamos lo que dicen los eruditos en la materia (aquí, aquí y aquí) podemos observar que la noción de información no es ni sencilla ni hay un acuerdo general de qué es lo que significa. No creo que pueda dar un resumen de la discusión (ni pretendo hacerlo), por lo que propongo que lean atentamente lo que dicen los cráneos en el tema. Personalmente me atengo a lo que dice Capurro[1]:
Datos, información, conocimiento. Colocar los tres conceptos ("datos", "información", y "conocimiento") tal como se hizo aquí, da la impresión de una jerarquía lógica: la información se compone de datos y el conocimiento se obtiene de unir información. Eso es un cuento de hadas.
... y a lo que plantea el mismo autor aquí en cuanto a que la distinción más importante en el concepto de información es si lo consideramos una "cosa", un objeto (y por lo tanto puede ser transmitido, almacenado, recuperado, etc.) o, si lo consideramos un concepto subjetivo, un signo y, por lo tanto dependiente de la interpretación de un agente cognitivo. Que el mismo término sea usado en muchas otras disciplinas más (informática, biología, física, ingeniería, comunicación social, etc.) no ayuda demasiado a la causa.

Más allá de las dificultades epistemológicas que presenta el concepto de información, un breve vistazo a la historia del término muestra que se desarrolla a partir de la aplicación de una teoría ingenieril (Shannon, C. A mathematical theory of communication) a la comunicación social y su uso en el desarrollo de la recuperación de información (Information Retrieval) en la década del 50. El auge del concepto y sus investigaciones durante la guerra fría no son casuales, sino que se relacionan con necesidades concretas de promover la tecnología (bélica) y por ende la ciencia -básica y aplicada- y el uso de las publicaciones científicas y tecnológicas.
La necesidad de la bibliotecología de constituir bases teóricas, sostener y ampliar espacios académicos llevó a importar estas teorías al seno de las escuelas de bibliotecología y a través de esa vía permear todos los aspectos de la bibliotecología.

Ahora la pregunta que me hago, ¿es útil ese concepto para las bibliotecas? Si consideramos que la información es conocimiento comunicado (Capurro), sin lugar a dudas tiene que ver con lo que hacemos en las bibliotecas. Pero no hay que perder de vista que aunque "conocimiento" y sobre todo "comunicación" son conceptos que se construyen a partir de lo social, el concepto de "información" -sobre todo en nuestro medio- es asociado más bien a teorías cognitivistas que se centran en el individuo, su aprendizaje y aplicación del conocimiento. El aspecto "social" de la información es algo cuyo ingreso a nustra disciplina es relativamente reciente.

Un segundo argumento en contra de la información como concepto clave en bibliotecología se vincula con el uso utilitarista del término. Herencia de la guerra fría, si pensamos en información en bibliotecas se nos ocurren libros de texto, obras científicas, tecnológicas, de divulgación científica y toda su parafernalia. ¿O acaso Ud. cuando piensa en información se le ocurre un poema? El uso del término ha sido subrepticiamente ligado indisolublemente al conocimiento sancionado socialmente como "útil" y eso es en el mundo en el que nos desenvolvemos, los conocimientos que nos hacen "útiles" al mercado laboral y nos permiten hacer cosas "útiles". En consecuencia se ha tratado de encontrar la "utilidad" de las bibliotecas y mucha investigación "social" se ha encargado justamente de eso, de justificar social -y económicamente- a las bibliotecas, resaltando su función en la sociedad, el acceso al conocimiento que brindan, las posibilidades de formación para toda la vida (para reciclarse periódicamente en el mercado laboral cuando las crisis nos golpean individualmente), enfatizando también la importancia de la lectura para los niños y jóvenes (para que puedan leer los manuales, formarse como ocupar puestos y cargos), etc.

Pues bien, ¿qué tiene de malo definir a las bibliotecas en cuanto a la utilidad (social)? Lo que mueve a las personas no es solamente lo que es útil, sino que una importancia similar lo tiene la subjetividad, lo que se siente, los afectos, cómo nos proyectamos como individuos en la vida y en la esfera social, y cómo construimos relaciones entre nosotros, redes solidarias, redes comunitarias. Al enfocarnos sobre la información y de la utilidad de la biblioteca, abandonamos o relegamos al margen las discusiones sobre los aportes a la subjetividad de las personas, su experiencia, sus afectos, su capacidad de construir mundos ficticios, su interacción con otros,  y también todo lo que hace a la construcción de lo grupal, comunitario y colectivo que hace al sentir, pensar, y a la construcción de futuro de una comunidad.

Coincido con Hjerppe que las bibliotecas son instituciones de la memoria, y haría hincapié menos de lo institucional, burocrático, jerárquico, para darle más espacio al concepto de memoria (memoria histórica) que es lo que una comunidad construye como pasado para poder proyectarse al futuro. En ese sentido las bibliotecas son lo que una sociedad o una comunidad decide lo que debe ser el pasado que merece ser recordado y transmitido para el futuro. Hay que tener en cuenta que las comunidades marginadas socialmente no participan de la construcción de lo que se dice públicamente (por ende lo que se "publica") o lo hace únicamente a través de mediadores (antropólogos, historiadores, docentes, etc.) que hablan de ellos o transmiten sus mensajes. En las bibliotecas de esas comunidades la biblioteca presenta una doble función: proveer acceso al conocimiento de la humanidad al que todos debemos tener acceso y como transmisora de los discursos socialmente aprobados y sancionados a través de la instancia de la publicación.
Pero si lo único que hace la biblioteca es retransmitir mensajes externos, quizás de aquellos grupos que marginan y oprimen a la comunidad, ¿no pasa a ser más que nada un agente externo, alguien que se "inserta" en la comunidad para transmitir su mensaje? ¿No está participando de esta forma a la marginación de las comunidades a quienes dice servir? Las bibliotecas con posiciones críticas toman además otra posición en cuanto a que velan por la "voz"[2] de su propia comunidad, por las posibilidades que se exprese lo que piensan y sienten los miembros de la comunidad y que sus conocimientos y subjetividades no queden calladas o invisibilizadas.

Pero el concepto de memoria abarca solamente un aspecto de la Biblioteca en cuanto a construcción y diálogo con el pasado. Las bibliotecas tienen una presencia importantísima en el aquí y ahora, en el presente donde proveen materia prima para la imaginación, para el sentir y para la creatividad de las personas. En ese sentido no son solo instituciones de la memoria sino usinas del pensar y del sentir. Seguimos  quedándonos cortos al buscar un concepto que de cuenta de los múltiples mecanismos sociales que tienen lugar en la Biblioteca, tanto individuales como colectivos con los cuales las personas construyen día a día sus mundos.





1. El texto original en inglés:
Data, information, knowledge. Putting the three concepts ("data", "information", and "knowledge") as done here, gives the impression of a logical hierarchy: information is set together out of data and knowledge comes out from putting together information. This is a fairytale. (Fuente) Publicado en: Zins, C. Knowledge Map of Information Science [recurso en línea]. 2009)

2. Debo este importante aporte teórico a Susana Fiorito de la Biblioteca Popular Bella Vista.

La revolución de los catalogadores


The MRIs: an inexpensive antidote to RDA                July 1 2011

The Rules for description and access (RDA) have been constructed over
many years and at considerable expense.  We believe that large
expenditure of money (derived from the large profits made by AACR2
that could have been used to beneficial ends), time, and effort has
produced few good results, a considerable amount of controversy (much
still unresolved), and a text that might, kindly, be described as
incoherent, ill-written and presented and in no way worth the
disruption that will occur if it were implemented.

The relatively few good results of RDA could have been achieved in far
less time, far more cheaply, and with minimum disruption, by revising
the relevant parts of AACR2.  To demonstrate this point, we have
developed these MRIs that, if used in conjunction with the existing
text of AACR2, will yield the few good results of RDA while retaining
the structures and strengths of AACR2 and ISBD and the integrity of
current catalogues and current cataloguing practice. The MRIs are
freely available for use by any cataloguer or cataloguing agency. 
They are, obviously, not official.  Given the dubiousness with which
the official RDA and the RDA process have been received by all levels
of the world of cataloguing, this may not be a bad thing. All and any
suggestions to improve the MRIs will be gratefully received.

Even though RDA implementation has been delayed until after January
1st 2013, we feel a long lead time and familiarity with new provisions
is needed before implementation.


Michael Gorman
J. McRee (Mac) Elrod




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To view the MRIs visit:

http://special-cataloguing.com/mris

You will see an access denied message, with directions to create an
account in order to log in. 

On the site you wull find a link to download a free RDA MARC record
for the MRIs.  There is a link at the top of each chapter to print
an entire chapter, and links at the side to print individual rule
interpretations, depending on whether you wish to file them in your
AACR2 binder by chapter or by rule.



   __       __   J. McRee (Mac) Elrod (mac@slc.bc.ca)
  {__  |   /     Special Libraries Cataloguing   HTTP://www.slc.bc.ca/
  ___} |__ \__________________________________________________________

metodologías de la investigación

Hace unos días que me estoy topando con el tema de metodología de la investigación en bibliotecología y ciencia de la investigación y generalmente no me gusta lo que veo, oigo o leo. Mis colegas o futuros colegas por lo general no tienen demasiado interés en la metodología de su investigación. En principio sólo se trata de hacer la investigación porque es una obligación, sea para aprobar una materia, recibirse o mantener el cargo. Asi que en la mayoría de los casos la investigación no es interés o pasión de los bibliotecólogos, sino carga impuesta. Otro tanto lo parece aportar la currícula en la que las metodologías de la investigación generalmente se ven al final de la carrera, como medida preparatoria para el trabajo final. Entonces los estudiantes se pasan años haciendo trabajos de investigación para diversas asignaturas sin reflexión epistemológica alguna y el curso final de metodología o epistemología no les termina aportando más que algunas recetas.

Si ese es el segundo problema en la investigación en Bibliotecología y Ciencia de la Información, la aplicación de recetas sin demasiada reflexión. Pero sería sencillo echarle la responsabilidad a los estudiantes ya que la aplicación de recetas lamentablemente es el camino directo al éxito. Porque los docentes generalmente tampoco tienen demasiada idea sobre la discusión metodología y la crítica necesaria para desarrollar y aplicar metodologías con rigor. Si ellos se recibieron con la aplicación de una de las recetas tradicionales, ahora buscan en los trabajos que les toca dirigir o evaluar los indicios de la receta correctamente implementada: Construcción de un marco teórico, desarrollo de la investigación, conclusiones. Esto aunque el marco teórico después no se aplique, que no tenga relación alguna con la investigación y que las conclusiones incluyan disparates de personas que deberían saberlo mejor.

Dos ejemplos. Hace un tiempo atrás me tocó evaluar a varias proyectos de investigación bibliotecológicos. Todos tenían alguna falla metodológica, pero voy a describir sólo uno de ellos. Se trataba de un proyecto vinculado a la calidad de la catalogación. Un tema importante que merece ser estudiado y del cual esperamos una mejora continua en las herramientas que utilizamos los bibliotecarios. Pero la metodología propuesta tenía que ver principalmente con evaluar a registros bibliográficos según su corrección según las normas de catalogación. Dónde está el problema? Se equiparaba calidad con aplicación de las normas de catalogación. Es lógico que las agencias que deben evalúar a las bibliotecas acudan a indicadores de aplicación de normas ya que es una manera sencilla y sobre todo fácilmente aplicable para medir ... algo. Pero la calidad de la catalogación, ¿tiene que ver con la aplicación de las normas de catalogación? Sostengo que es posible hacer una catalogación correcta pero de pésima calidad y al revés, catalogar fuera de las normas y obtener un catálogo de calidad. La cuestión aquí es quién y como se fijan los estándares de catalogación.

Las normas de catalogación se crearon en una época en la que no se hablaba de calidad. Recogían prácticas existentes que se habían mostrado útiles para las demandas de materiales (principalmente libros) de los usuarios que acudían a las bibliotecas. Las normas de catalogación nacen como regla general en bibliotecas especializadas y en nuestras tradiciones catalográficas recién las angloamericanas en su segunda edición sostienen que son adecuadas para todo tipo de bibliotecas. Las mejoras se realizan según propuestas de bibliotecarios organizados en diferentes tipos de agrupaciones. Las necesidades reales de los usuarios sólo ingresan mediados por varias capas de bibliotecarios. No es de sorprender de que la catalogación prácticamente no ha cambiado mucho desde Panizzi y las Instrucciones prusianas. Hay algunas cuestiones que dieron algunas vueltas díscolas, tales como la autoría corporativa, pero en principio las bases son iguales y las revisiones se enfoquan en cuestiones ideológicas (si una entidad puede ser un autor), en ampliar la cobertura (materiales audiovisuales, digitales, etc.), en aplicar acuerdos internacionales (ISBD), etc.

Pero la calidad, ¿no la deben definir los usuarios? Si sostenemos que calidad en la catalogación es la aplicación de las normas estamos en camino directo a enredarnos y perdernos en discusiones bizantinas a la vez que perdemos toda relación con los destinatarios de la comunicación.

Por supuesto que la investigación se hizo tal cual como estaba planteada y ni la directora de la investigación ni el comité evaluador les llamó la atención este problema.

Segundo ejemplo. Un trabajo final de licenciatura con estructura de libro de metodología: introducción y presentación del problema, varios capítulos sobre aspectos históricos, legales y culturales de la problemática, el capítulo más importante en el que se construía un modelo de biblioteca y finalmente las conclusiones. El estudiante aprobó con nota máxima y realmente los capítulos principales estaban muy lindos, bien escritos y ordenados (había problemas menores de plagio, pero no fueron tenidos en cuenta por el tribunal). El problema real era que el capítulo que culminaba la investigación y presentaba un modelo de biblioteca no tenía relación alguna con los capitulos anteriores. No establecía relaciones algunas de los hilos que había comenzado a tejer sobre el encuadre legal, cultural e histórico en el modelo de biblioteca que proponía. Era un modelo bien estándar, con algunas imprecisiones, inseguridades y disparates sueltos (por ahi eran errores involuntarios ...), pero sin articulación alguna con el marco teórico tan cuidadosamente construido a lo largo de tres o cuatro capítulos. A nadie le llamó la atención. Tanto la directora del trabajo final como las dos terceras partes del tribunal no eran bibliotecólogos. Quizás sólo se fijaron en el marco teórico y -como no eran expertos en bibliotecas- no quisieron opinar sobre el capítulo principal, el de la biblioteca. ¿Pero qué le pasó a la bibliotecóloga que si estuvo en el tribunal? ¿Ignorancia? ¿Ineptitud? Quizás sólo un mal día ...

Quizás todos estos profesionales la tienen más clara y se dan cuenta que la investigación no es para saber más sobre el mundo real, sino que sirve para alcanzar una meta concreta, como obtener un diploma, poder presentar una ponencia o llenar un informe. Quizás solo se trata de hacer como si investigamos y todo bien. El problema es que de esta manera la bibliotecología no va a ningún lado y ningún lado en un mundo dominado por documentos digitales que no necesitan que un bibliotecario haga fichas sobre ellos, no es un lindo lugar.

Sobre el servicio bibliotecario I

Hace tiempo que quiero escribir sobre el servicio bibliotecario. No sobre cómo establecer servicios, sus objetivos, características, puesta en marcha y evaluación. No, quiero escribir sobre el concepto de servicio en bibliotecas.
El término “servicio” tiene sus orígenes en el latín, proviene del substantivo “servitius” que a su vez deriva de “servus”, esclavo. El “servitius” (acto de servir) era el trabajo esclavo, específicamente el trabajo que realizaban los sirvientes (término que proviene de la misma raíz) domésticos a diferencia del trabajo agrícola o de manufactura. Posteriormente con el desarrollo de teorías económicas que establecían clasificaciones sobre las actividades económicas, conjuntamente con actividades extractivas y agrícolas (sector primario) y la manufactura y producción industrial (sector secundario), se comenzó a denominar “servicios” a todas aquellas actividades económicas que no podían clasificarse en esas primeras dos categorías, incluyendo transporte, comunicaciones, bancos, etc. (Hipótesis de los tres sectores).

En Bibliotecología hablamos de “servicios bibliotecarios” que a su vez se subdividen en servicios tradicionales tales como circulación y referencia y se amplían a actividades de corte tecnológico moderno, tales como provisión de documentos (document delivery), referencia virtual y otros. La denominación de “servicio” facilita la planificación y programación de estas actividades en la biblioteca. Pensar en el “servicio de circulación” establece un punto de vista desde la biblioteca –los lectores hablan generalmente de “préstamo” que hace referencia a la parte del servicio que experimentan con mayor frecuencia- y facilita pensarlo técnicamente como procedimiento, es decir como secuencia de actividades que implica diferentes tareas y en las que intervienen documentos (fichas de préstamo, registro de socios, etc.), normas (reglamento de préstamo) y políticas bibliotecarias (tipos de materiales prestables, categorías de usuarios, etc.). Podemos establecer que el término “servicio” dentro de la biblioteca nos permite pensar diferentes actividades estableciendo una clasificación en diferentes “servicios” (circulación, referencia, extensión, etc.) y ver estas actividades desde el punto de vista de la organización bibliotecaria, específicamente en lo que hace a los procedimientos técnicos.
No es de sorprender que los “servicios bibliotecarios” se utilizan también para establecer las divisiones administrativas dentro de una biblioteca, por ejemplo en la organización departamental en la que se definen por ejemplo departamentos de circulación, referencia, procesos técnicos y administración, o departamentos de “servicios al público”, procesos técnicos y administración.

A pesar de la ubiquidad del término “servicio” dentro de la organización bibliotecaria, no podemos dejar de notar que la clasificación de “servicios bibliotecarios” en circulación, referencia, procesos técnicos, etc. agrupa actividades diversas bajo una denominación común, que se basan en el lugar de prestación de servicios. Por ejemplo la concepción de un “servicio de referencia” parte del mostrador o escritorio de “referencia” en el que podemos encontrar el “bibliotecario referencista”. Pero las actividades que se agrupan bajo la denominación común de “referencia” son en realidad actividades diferentes tales como “referencia rápida” (ready reference) en la que no se entrega documentos sino datos (por ejemplo respondiendo una consulta sobre feriados en Noruega con un listado de feriados en ese país), “referencia” -sin mayor detalle -que generalmente indica algún tipo de ayuda para localizar documentos y/o sobre el manejo de herramientas bibliográficas (catálogos, índices, bibliografías, etc.), “bibliografías”, o sea la confección de listados de documentos que responden a una consulta, y otras actividades más según cada biblioteca.
Cuando decimos que se basan en “el lugar de prestación de servicios” se refiere específicamente a un espacio concreto dentro de la biblioteca que sólo ocasionalmente se comparte (por ejemplo en bibliotecas chicas el servicio de referencia se brinda en el mostrador de préstamos). Pensar el “servicio” como “lugar” facilita su organización en cuanto a procedimientos, materiales necesarios, personal a cargo, etc.

No dudamos de la utilidad del concepto de “servicio”, sin embargo hablar de “servicios bibliotecarios” también implica una limitación en cuanto a que se clasifican “a priori” las actividades bibliotecarias, identificando su “espacio” de pertenencia o decidiendo que se trata de un nuevo “servicio” que requiere pensar un nuevo lugar para ello. La consecuencia directa es que se concibe a todas las actividades de la biblioteca en términos de procedimientos técnicos y administrativos e implica en la práctica muchas veces el establecimiento de divisiones mentales (y laborales) según la pertenencia a un departamento específico. Esta visión de la biblioteca como “proveedora de servicios” dificulta una visión de mayor alcance que vincule a la biblioteca con la comunidad a la que pertenece basándose en los objetivos y los grupos sociales que componen esa comunidad en particular. Una visión empresarial de la biblioteca por lo tanto dificulta un desarrollo de la biblioteca como una institución comunitaria que se define a partir de los conceptos que establece la misma comunidad.

¿Entonces cómo podríamos pensar una biblioteca sin recurrir al concepto de “servicio”? Reconociendo las actividades de los bibliotecarios y todas las personas que trabajan en o para la biblioteca como actividades cuya características principal es que se dentro del marco institucional de una biblioteca y cuya finalidad es promover a su comunidad. Dentro de estas actividades es posible identificar actividades con un mayor componente técnico bibliotecológico, tal como la construcción de catálogos y otras actividades con un fuerte componente de transmisión cultural, tales como la promoción de la lectura o actividades recreativas que incluyen el uso de textos. En la práctica se observa como los bibliotecarios con estudios bibliotecológicos se sienten más cómodos con las actividades técnicas de menor contacto con la comunidad, mientras que los bibliotecarios idóneos trabajan preferentemente en actividades con un mayor componente de uso de textos o actividades recreativas y con estrecho contacto con la comunidad1. Cabe preguntarse si estas divisiones de tareas promueven un trabajo interdisciplinario y comprometido o si en cambio tienen el efecto de favorecer el establecimiento de “kiskos” o “quintas” en las que se construyen espacios individuales o de grupos pequeños.

Dentro del concepto de biblioteca al que apuntamos no se trata de reemplazar una terminología (“actividades” por “servicio”) o de crear nuevas divisiones técnicas, sino que parte de una posición ética e ideológica que concibe a la biblioteca como parte de la comunidad. Ser parte de la comunidad no debe confundirse con “insertarse” en la comunidad, que implica un movimiento de un punto de origen hacia un grupo social determinado -la comunidad- y establece dos posiciones, la de partida original (con su posición ideológica, imaginario cultural y objetivos sociales) y los destinatarios que se definen en este movimiento como “otros” que son los destinatarios de las actividades bibliotecarios. Dentro de este contexto, hablar de “servir a la comunidad” enmascara relaciones de poder que pueden conformarse de diversas maneras en los diferentes tipos de bibliotecas. Mientras que en bibliotecas públicas el poder proviene del estado (y de quienes lo controlan) que realiza una acción sobre una población determinada (establecer una biblioteca, proveer recursos, etc.), en bibliotecas que son parte de una institución mayor (escuela, universidad, laboratorio, colegio profesional, etc.) el poder proviene de las instancias directivas de la institución y se vincula a la agenda política de los dirigentes.

Se vienen las bibliotecas multiculturales 1. La televisión indígena

"La señal de Indiocanal Omaguaca cubre toda la ciudad y llega a los pueblos vecinos de Uquía, Coctaca, Hornaditas, Rodero, Varas, Calete, San Roque y Chorrillos, con una población total de alrededor de 15.000 personas, indígenas y no indígenas."
Leer más en  http://www.toqo.com.ar/leer/14

Gracias Biblioteca Qomllalaqpi por difundir esta propuesta.